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Sobre libros,
e-Books y obras de consulta | |
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Abril/2001 |
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Marino Posadas es MVP en .NET Framework, Microsoft Certified Solution Developer (MCSD), MCAD (Microsoft Certified Application Developer en .NET), MCT(Microsoft Certified Trainer) y autor de numerosos artículos para revistas especializadas, así como de varias obras editadas por Editorial Ra-Ma en solitario y junto a Grupo EIDOS. Trabaja como Consultor para Grupo EIDOS. |
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Sobre libros, e-Books y obras de consulta
Comentaba el otro día Umberto Eco en un artículo para el diario “El País”, que básicamente, podemos dividir los libros en dos categorías: aquellos que fueron pensados para ser leídos y los que se han concebido como obras de consulta.
El primer tipo, citando los comentarios del boloñés, “se lee del tirón y ahí termina la experiencia lectora”. El segundo se conserva, se reutiliza, se desgasta con el tiempo y envejece con su propietario, habiéndole servido bien, como un esclavo de papel siempre disponible, y siempre dispuesto a recordar a su amo aquellas cosas que el desuso o la memoria han llevado hasta en el desván de las ideas perdidas.
No obstante, parece que el papel que juegan éstos últimos está siendo amenazado: es mucho más fácil consultar en una enciclopedia interactiva la posible coincidencia en el tiempo de dos ideas o si dos personajes pudieron llegarse a conocer, que investigar pacientemente a base de fichas hasta llegar a una conclusión. También es más sencillo hacer una búsqueda en un buscador, que recorrer bibliotecas, aunque ahí queda mucho por hacer.
Pero el camino ya se ha iniciado. Existen interesantes experiencias en marcha, para poner a disposición de los cibernautas una buena parte de la bibliografía clásica y moderna. Iniciativas como Cervantes Virtual, o la Biblioteca Digital de la Facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Valencia (Figura 1), ponen de manifiesto esta inquietud.

Figura 1: Página principal del sitio web de la Biblioteca Digital de la Facultad de Informática en la UPV.
Se pueden encontrar aquí tesis doctorales completas, en formato PDF (Acrobat Reader), muchas de las cuales son gratuitas para su descarga a los ordenadores del lector. En realidad, esta iniciativa es parte de un movimiento más amplio, encabezado originalmente por un grupo de Universidades norteamericanas y europeas entre las que cabe destacar el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), o el Massachussets Institute of Technology, a través de su página MIT Theses online, cuya página principal se adjunta en la figura 2.

Figura 2: Página principal del sitio web MIT Theses Online
Las posibilidades pasan por consultar todas las tesis disponibles y solicitar aquellas que son de pago por vía Internet. Y esto no corresponde sino a un proyecto mucho más amplio, englobado bajo el epígrafe Networked Digital Library of Theses and Dissertations (NDLTD) (Fig. 3), que es el Índice General de algunas de las más importantes soluciones puestas en práctica en la actualidad.
Un análisis y un paseo, siquiera superficiales, por estos sitios, nos dan una buena idea del campo de posibilidades que se abre ante el investigador privado, provisto de una buena conexión a Internet (eso sí, las tesis suelen ocupar entre 5 y 10 Megabytes, por lo que el tiempo de descarga es muy relativo). Incluso ha habido ya propuestas para algunas tesis cuya única fuente de documentación sería la propia red.
Y esto es hablando de libros “serios”. El lector quizá se haya topado con un sinfín de sitios que ofrecen, tutoriales, manuales de andar por casa, monografías, ensayos y toda suerte de escritos tanto técnicos como humanísticos, en los que el autor es su propio editor, publicista y distribuidor. El libre acceso lleva a estas cosas: el filtro de calidad impuesto por las editoriales se pierde, pero a cambio se gana en espontaneidad, posibilidades y libertad creadora.
Y es que, volviendo a Eco, “las computadoras están comenzando a cambiar el proceso de lectura”. Conceptos como el del hipertexto o las listas de palabras asociadas revolucionan lo que puede hacerse con el texto, pero los e-Books o lectores de libros digitales, lo harán todavía más. Podremos cargar una docena de libros en nuestro lector digital y leer el que queramos, hacer anotaciones al margen, (que no se pierda eso, por favor) e incluso seleccionar fragmentos del texto y enviarlos por correo electrónico a un amigo, utilizando el propio e-Book.

Figura 3: ETD Digital Library
Y es que las previsiones son de crecimiento: según la consultora Forrester Research, en los próximos cinco años la edición bajo demanda y los e-Books aportarán unos beneficios de unos 7.800 millones de dólares, que suponen un 17,5% de los beneficios de la industria editorial. Aunque no todo son rosas: la consultora recuerda que hay elementos que pulir y otros que resolver: los contenidos limitados, la mala resolución de las pantallas para lectura y la diferencia entre formatos (siempre los estándares...) son los obstáculos para alcanzar una masa lectora suficiente.
Mientras tanto, muchos conocidos autores se apuntan al sistema de edición directa a través de Internet, como el archiconocido Stephen King, o en nuestro país, Arturo Pérez Reverte, cuyo Capitán Alatriste pudo leerse en su última versión primero en la red. E incluso algunos apuestan directamente por el e-Book, como es el caso de los no menos populares Elmore Leonard, autor de numerosas novelas de misterio, cuyo Fire in the hole se ha planteado exclusivamente como proyecto digital y Dean Koontz, conocido por sus novelas esotéricas y especialista en demonología, que ha llegado a un acuerdo con BarnesAndNoble, quien le ha ofrecido unos derechos de autor muy superiores a los del libro en papel (el 30%, sobre el precio del libro).
Otras ofertas bibliográficas relacionadas con Internet
Pero, respecto a los contenidos, además de esta posibilidad, existen otras propuestas de gran interés, algunas de ellas, sorprendentes, como la de Brewster Khale, al que definían en un artículo especializado como el archivero de Internet. Khale, ha fundado una organización unida a un sitio web muy especial y sin ánimo de lucro, llamado Archive.org, que no pretende otra cosa que almacenar una copia actualizada del contenido completo de Internet. Como la aventura parece descabellada, hay que explicar brevemente quién es este señor. Cuando tenía 20 años, diseñaba ordenadores para Thinking Machine, a los 30 creó el primer sistema de catalogación de contenidos web: WAIS, y vendió tal ingenio a America Online por la notable suma de 3.000 millones de pesetas. A mediados de la década de los 90, creaba Alexa, un motor que rastrea la web y averigua cuáles son los gustos del público, donde prefiere pararse, etc. Lo que cualquier Jefe de Marketing desearía.

Figura 4: Sitio web del rastreador inteligente Alexa
Como consecuencia, la venta correspondiente del ingenio a Amazon, le reportó esta vez 50.000 millones, además de seguir al mando del invento. Ahora, con 40 años, dice que todo está empezando, y ha adquirido un barracón del siglo XIX, donde almacena Alexa y Archive, que ocupan un total de 30 Terabytes (unos 30 millones de libros, superior a la Biblioteca del Congreso de los EE.UU).
Afirma que el mundo produce anualmente unos 250 Megabytes por habitante, y que la vida media de un documento en Internet es de unos 75 días. Lo que Alexa rastrea, se almacena en Archive. Lo bueno de Archive, es que, al ser una organización sin ánimo de lucro pretende ponerse al servicio de cualquier investigador y permitir una búsqueda inteligente de cualquier tema, pudiendo disminuir drásticamente el tiempo de recopilación de información necesario en cualquier trabajo de investigación.
El uso es gratuito. En su web, lo único que se pide es aceptar unos acuerdo de utilización de esos recursos, y se obtiene libre acceso al material. Incluso en la web de alexa está disponible un software gratuito, que –una vez instalado- permite al usuario disponer de información adicional acerca de la página que está visitando o del producto que le interesa. A continuación, mostramos la página principal del sitio Archive.org.

Figura 5: Página principal del sitio web de Archive.
Paralelamente a este proceso, la oferta de libros digitales aumenta de forma considerable. Ya pueden encontrarse propuestas que ofrecen desde los libros antiguos (la web www.octavo.com ofrece obras que van desde el Revolutionibus de Copérnico o el Sidereus de Galileo, hasta el Atlas de Mercator), hasta sitios como abebooks.com, dedicados a al coleccionismo de obras descatalogadas.

Figura 5: Página de la web Ochavo con una imagen del Atlas de Mercator
Conclusión: El cambio llega al proceso creativo
Podemos concluir esta breve visita por el mundo de los e-Books y la documentación digital, cuestionando el proceso mismo de la autoría. Parece que la otra revolución bibliográfica está teniendo lugar en el proceso mismo de creación del libro. No me refiero, naturalmente, a que la autoría múltiple, pueda llegar a implicar a autores que no se conocen entre sí, y que se coordinan mediante un manager, como ya está pasando, si no al leit motiv de la obra, a su argumento original y su desarrollo posterior.
Cada vez son más comunes las experiencias creativas conjuntas, en las que –a partir de un idea original- el público, o un colectivo de personas deciden dinámicamente la forma en que tal historia se desarrolla. Se preguntaba también sobre este tema nuestro admirado Eco, reflexionando sobre las posibilidades: “Tomemos, por ejemplo Guerra y Paz de Tolstói: uno desearía que Natasha rechazara a Kuryagin; uno quisiera que el príncipe Andréi viviera para que él y Natasha puedieran estar juntos. Si se convierte Guerra y Paz en un hipertexto la historia puede rescribirse: Pierre mata a Napoleón o Napoleón derrota al general Kutusov. ¡Que libertad! ¡Todo el mundo es Tolstoi! “.
Claro que, para el semiólogo italiano, esto tiene implicaciones: “con un programa de hipertexto se puede rescribir Waterloo de manera que Napoleón gane, pero la belleza trágica del Waterloo de Victor Hugo es que las cosas suceden independientemente de los deseos del lector. El encanto de la literatura trágica es que sentimos que los héroes pudieron haberse librado de su destino, pero no lo hicieron por debilidad, orgullo o ceguera”.
El propio Victor Hugo afirmaba a ese respecto que “Una caída como ésa, que asombró a la historia, ¿es algo sin causa? No...Alguien, a quien nadie puede objetar, se encargó de ese suceso. Dios pasó por ahí”. Llamémoslo Dios, destino o avatares, hay libros que no se los puede rescribir, por que su función es enseñarnos acerca de la necesidad, y sólo si se les respeta como son podrán darnos esa sabiduría.